¿Tiempo para un nuevo statu quo? (parte 1)


consDesde hace algún tiempo ya hemos encontrado en el centro de las noticias las sentencias emitidas por los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de EL Salvador. Dichas noticias oscilan entre la apología del trabajo que realizan los funcionarios y el rechazo político a sus razonamientos jurídicos, según sea el caso. Nunca o muy escasa vez, hemos leído o escuchado un punto neutro de análisis en torno a ello.

Sin afán de entrar a alguno de los polos de opinión que ya existen,  se hace necesario bregar en un análisis mucho más distendidos que lo que la palestra mediática nos ha estado ofreciendo. Y es que no se trata de opinar desde la “oposición” o desde el “oficialismo” como únicas verdades, pues es precisamente esa polarización de opiniones las que no nos permiten reconocernos como país y pensar como Estado; se trata de elevarnos como salvadoreños y salvadoreñas comprometidos con nuestro país no solo a través del análisis, sino también la propuesta, la construcción, el apoyo.

Bajo esta premisa y retomando el hilo sobre los magistrados de la Sala de lo Constitucional, creo que no deberían asombrarnos las decisiones que el máximo tribunal ha venido adoptando en diferentes temáticas: impuestos, fondos, prestamos, formas de votación y/o elección, entre otras.

El andamiaje jurídico construido en El Salvador después de la firma de los Acuerdos de Paz es la estructura política, económica y social sobre el cual hemos edificado nuestra democracia. Este andamiaje jurídico es muy claro en su lenguaje, en su ideología y cada ley  aprobada o promulgada inclina la balanza hacia una sociedad con determinadas características, hacia ciertas formas de gobierno, es en ese edificio en el que vivimos y no hay realidad más contundente que ver los apartamentos de ese edificio, para saber de qué materiales está construido.

Siendo lo anterior, no se puede pretender redondear las esquinas del edificio sin que los arquitectos reclamen por su obra y hasta resulta ser que sin ser arquitectos aplaudimos esa construcción, que finalizó sin siquiera darnos cuenta. Creo que algo así sucede en relación con las resoluciones de los Magistrados de la Sala de lo Constitucional: ellos son interpretes y cuidadores de esa estructura por hoy vigente, que aunque a muchos no nos guste, es la que hay.

El problema se da cuando al casero no le gustan algunas reglas, pero tiene ciertas amarras para cambiarlas. O peor aún, cuando ni al casero ni al coadministrador les gusta lo que pasa, pero saben que es parte del pacto político y jurídico adoptado en su momento y que sin ello el status quo que les legitima se quebranta.

el día de ayer recibimos la noticia sobre la inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía promulgada el 21 de marzo de 1993. Dicha Ley concede amnistía amplia, absoluta e incondicional a favor de todas las personas que en cualquier forma hayan participado en la comisión de delitos políticos, comunes conexos con éstos y en delitos comunes cometidos por un número de personas que hubiere bajado de veinte y cometidos antes del primero de enero de 1992. Dicha Ley fue aprobada cinco días después de anunciado el “Informe de la Comisión de la Verdad para EL Salvador: De la locura a la Esperanza” y derogó lo que en principio habría enunciado su antecesora “Ley de Reconciliación Nacional” sobre aquellos delitos políticos cometidos durante el conflicto armado, con la salvedad de no incluir aquellos hechos catalogados como “delitos de lesa humanidad”.

Por supuesto, las reacciones no se han hecho esperar: “son mecanismos para desestabilizar”, dicen unos; “es un retroceso en el proceso de pacificación” dicen otros; y entre unas voces y otras, se abre y sangra la herida, vuelve a latir la esperanza de la justicia y se remueve el dolor sobre el cual esta país transita diariamente, un dolor adormecido, pero latente y apabullante. Y así nuevamente el pueblo salvadoreño queda entre dos polos que acordaron transitar hacia la democracia sobre la base de la justicia y la reconciliación.

Para ello y por mandato mismo de los Acuerdos de Paz, se instaló una “Comisión de la Verdad” cuyo objetivo se centró en dos grandes hitos: 1) la investigación de graves hechos de violación a los derechos humanos ocurridos desde 1980 a efecto de superar la impunidad y; 2) Emitir recomendaciones que abonaran a la reconciliación nacional.

El título relacionado a las “medidas tendientes a la reconciliación nacional” del Informe elaborado y entregado al Estado salvadoreño por dicha comisión, expone que “el perdón es indispensable. No un perdón formal, que se limite a no publicar sanciones o penas, sino fundamentado en la determinación universal de rectificar la experiencia pasada y en la certeza de que esa rectificación no será completa si no se pone énfasis sobre el porvenir más que sobre un pasado que, por hechos abominables que exhiba, ya no se puede recomponer“, pero también nos advierte que “para alcanzar la meta del perdón, es necesario detenerse a considerar ciertas consecuencias que se coligen del conocimiento de la verdad. Una de ellas, acaso la más difícil de encarar dentro del actual contexto del país, es la de satisfacer los requerimientos de la justicia. Estos requerimientos apuntan en dos direcciones. Una es la sanción a los responsables. Otra es la reparación debida a las víctimas y a sus familiares“.

23 años han pasado desde ello y el texto sigue vigente. Sentamos nuestra democracia sobre ese andamiaje jurídico: Ley de Amnistía, leyes y políticas relacionadas con los Programas de Ajuste Estructural, subimos al camino sin retorno de los Tratados de Libre Comercio desde una clara y desigual lógica económica y entramos al callejón sin salida de lo que en teoría sería un pacto político por la gobernabilidad entre dos actores;  y poco a poco, la expectativa, la fé y la esperanza del pueblo salvadoreño se ha ido diluyendo entre quienes negociaron y concluyeron los Acuerdos de Paz.

Para poder bregar en un cambio de sociedad es necesario tocar ese andamiaje jurídico. Es necesario saber cuáles son los ladrillos más susceptibles para poco a poco lograr deconstruirlo, poniendo ladrillos de otras formas, invitando a nuevas arquitectas o albañiles, utilizando fórmulas para hacer una mezcla más fresca, menos contaminada. Y a eso creo que hace alusión las sentencias de la Sala de lo Constitucional, ha volver la mirada sobre qué tipo de edificio nos acoge y que ya tiene elegidos los materiales con los cuáles fue construido.

Con esto, no todo está perdido. Creo firmemente en la existencia de otro tipo de ladrillos y que si hay necesidad de reconstruir el edificio aún estamos a tiempo, pero para ello necesitamos escucharnos y escuchar. No es un tema entre dos actores, es un tema de todos y todas, en el que definitivamente podamos vernos.

Ya tenemos un ejemplo de construcción para saber qué de ello sirve y que hay que desechar. Creo que debemos mirarnos a la cara y empezar a dialogar, sino, este paisito vivirá condenado a  revivir viejas frustraciones y entorpecer así ese cardinal objetivo, que es la tan anhelada reconciliación

Mucho debemos madurar aún para ello, pero el primer paso hay que darlo desde la ciudadanía informada, organizada, sabedora de ser parte del proceso y tomando los insumos que ya tenemos desde la experiencia propia, pero también regresando la mirada a aquel punto que nos hizo encontrarnos y sobre el cual descansó todo nuestro anhelo de sociedad: Los Acuerdos de Paz y las recomendaciones de la Comisión de la Verdad.

Iniciemos por leerlos y encontremos eco en ellos, para luego traducirlos en propuestas desde más y mejores actores, que se hayan crecido de sus maestros.

Texto del informe de la Comisiòn de la verdad:

http://www.dhnet.org.br/verdade/mundo/elsalvador/nunca_mas_el_salvador_cv_3.pdf

Texto de los Acuerdos de Paz:

http://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/229/1/Acuerdos%20de%20Chapultepec.pdf

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Nuevas construcciones


manos

Teniendo un rato ya de no acercarme a este lugar de sentipensar, es tiempo para nuevamente desempolvar la pluma (o el teclado) y hacernos a la palabra escrita, para debatir, para proponer, para opinar.

¿Qué tema ha abierto nuevamente el teclado?, pues se trata de dos herramientas potentes para la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas: La Política Especializada de Pueblos Indígenas, construida desde SECULTURA en un espacio participativo y que aguarda como semilla su tiempo de brotar  y;  la construcción del Plan de Acción Nacional de Pueblos Indígenas (PANPI), creada desde el liderazgo de las organizaciones indígenas, pero con claro apoyo y  compromiso de diversas instancias de Estado (SECULTURA, Cancillería, ISTA), sumándose además diversas organizaciones del Sistema de Naciones Unidas.

Ambas son, sin lugar a dudas, oportunidad innegable para juntar nuestros telares e hilar en conjunto; viento de reivindicaciones soplan las caracolas de las abuelas y, sin duda alguna, es momento para las construcciones desde lo que somos, asumiéndonos desde nuestro origen para construir el futuro.

Y es que como todo proceso y como toda reivindicación, la construcción de ambas herramientas traen bajo el brazo su historia propia, rica en aciertos, desaciertos, armonía, contradicciones, desavenencias, hasta que finalmente vamos a bueno paso comprendiendo la cadencia que necesita la sabiduría y haciéndonos al camino pausado de las abuelas y los abuelos.

Ambas construcciones han permitido ejercicios insólitos de participación. Nos han dado el espacio para poder mirarnos desde lo que somos:  personas diversas, diferentes, discordantes, pero al fin y al cabo con un propósito común,  la reivindicación de los pueblos indígenas desde el reconocimiento, visibilización y respeto a lo que somos.

Ambos procesos están muy lejos de haber sido un ejemplo armónico y perfecto  y es precisamente eso lo que le da legitimidad. Cuando nuestras contradicciones son manifiestas y aprendemos a crecernos de ellas para construir herramientas colectivas, es cuando precisamente nuestra mente se hace comunidad, dejando de pensar en los intereses personales para transitar hacia la colectividad, hacia lo que por tantos años ha sido negado e invisibilizado.

Ha sido un tremendo orgullo ver las diversas posiciones manifestadas en el Foro Permanente de las cuestiones indígenas “Pueblos indígenas: conflicto, paz y resolución”. en su sesión décimo quinta, celebrada entre el 9 y el 20 de mayo en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, dentro del cual el caso de El Salvador mereció un evento especial.  Ver la voluntad expresa del Estado de la mano de procesos liderados por pueblos indígenas y ser testigos de las mismas posiciones que exigen reivindicación a los derechos, pero que al final encuentran eco en un mismo objetivo ha sido, sin lugar a dudas, una gran lección para El Salvador y para el mundo.

Desde mi corazón creo profundamente que vamos por el camino correcto. Las diferencias en los procesos no deslegitiman la construcción, al contrario, nos brindan oportunidad para aprender y crecernos de ellas, para saber que entre estas construcciones tenemos más voces comunes que dispares y que vamos aprendiendo y aprendiéndonos, reconociéndonos como hermanos y hermanas en este camino, sabiendo que en este andar nada está finalizado, ni siquiera nuestras construcciones personales que son también como el hilo del tiempo, que se enrolla y se desenrolla, dándonos nuevas oportunidades para sabernos pequeños hacedores de esta tarea.

¡Enhorabuena!… que la implementación del PANPI y el pronto lanzamiento y aplicación de esta política pública especializada, nos sea el camino colectivo para reconocer, pero también para ser comunidad.

 

El burro hablando de orejas.



Durante una entrevista matutina realizada a Genaro Ramírez, se estuvo ventilando uno de las tantos problemas estructurales que adolece nuestro país: el transporte público.

Nada más revelador, que la postura de dicho personaje frente a la posible alza del precio del pasaje, el cual de $0.20, estaría ascendiendo a $0.60, más del 100% sobre su precio actual.

Lo más triste de dicha entrevista, no fue la ausencia de criterio técnico, sino más bien el proceso continuo de justificación sobre temas altamente sensibles al bolsillo de la población salvadoreña. No faltó el parangón sobre al aumento al pliego tarifario de energía eléctrica y agua, sino que incluso se trajeron a colación una serie de ejemplos (desde la banca, hasta participación política partidaria) que no hizo más que dejar al descubierto que, en materia de servicios esenciales, sigue prevaleciendo el prisma del mercado.

Con el tema que nos ocupa, de más está recordar la penosa manera en la que dicho servicio público fue concedido. Resulta ser que, cada vez que esta gremial encuentra motivos propios para realizar a su beneficio acciones que terminan afectando al país y en particular a la población en general, no solo abona a la molestia de la población, sino que deja al descubierto la poca fuerza que tiene aún el Estado, para ocuparse de los problemas de sus habitantes.

La impunidad se paseó por cada una de las frases emanadas del entrevistado. Nunca se reconoció, por ejemplo, la condición de las unidades de transporte o el trato de quienes las conducen. Tampoco se citó exactamente las utilidades netas generadas versus el subsidio recibido y las alzas del precio de los combustibles, determinado por el precio internacional, razón por la cual no se vislumbró en ninguno de los argumentos, la propuesta concreta más que el traslado de los costos a las personas usuarias.

La gota que derramó el vaso, fue la frase lapidaria e irrespetuosa de: (cita textual) “si no quieren pagar pasaje que se compren un burro pues, a última hora, me entendés, o que caminen si quieren, entonces, cuál es el problema, si aquí no los obligamos a, a, a que se suban a los buses”. Faltaba menos, señor Ramírez. Nos explicamos ahora el por qué algunos empleados repiten el patrón por usted mostrado, durante el espacio televisivo.

Me permito comentarles amigas, amigos, que existe en algunas ciudades de determinados países, asociaciones o sindicatos de personas usuarias, en este caso de transporte colectivo. Motivos sobran en nuestro país para buscar alternativas de organización que permitan también visibilizar el punto de vista de las personas que utilizan unidades móviles, no solo frente a tal grado de falta de respeto de quienes aportamos diariamente a poner la mesa de tales empresarios, sino también, alrededor de las propuestas que necesita este país para transformar dichas situaciones.

No es normal el maltrato, no debe permitirse el asumir como algo cotidiano ese permanente desdén y esa falta de reconocimiento a la dignidad de las personas, por el contrario, esas actitudes son las que deben ir cambiando a fuerza de participación ciudadana, de posiciones certeras y concretas y sobre todo, de dar el lugar que corresponde no solo en la Constitución de la República, sino en la práctica misma de un Estado, donde la persona humana es el origen y el fin de la actividad del mismo.

Esta mañana, sin ofender al cuadrúpedo animal, el burro habló de orejas. No solo por las diferentes maneras en las que se dejó al descubierto la permanente violencia económica a la que se ve expuesta la población, sino por la forma misma en la que se hace política, desde trincheras mercantiles.

Pero no todo esta perdido, digamos que estos espacios nos son útiles también para proponer, por un lado, necesitamos con urgencia que el Vice Ministerio de Transporte (No diré Sub Ministerio, como dijo algún diputado) socialice los avances que tiene hacia la propuesta que se está construyendo, pero también que de audiencia a aquellas organizaciones o personas que tanto pueden aportar a la transformación de tan desordenado rubro. Hay experiencias muy interesantes en países del sur sobre asocios público-público o público-municipales, que han permitido mejoras importantes en el tema del transporte. Existe incluso propuestas de un grupo de consultores brasileños para transformar paulatinamente esta caótica situación.

Por otro lado, organización, señoras y señores, para poner el dedo en la llaga y llegar al punto en el que, cuando se comprenda que el transporte es un tema de interés público y no de lucro, estos pseudo empresarios dejen de lucrarse de nuestra necesidad para poner en su mira, otro tipo de negocios. Incluso, pensar alternativas sustentables de movilizarnos, haría que su actitud cambiará diametralmente, pues las ganancias se verían directamente afectadas. El punto no es llegar a enfrentar empresarios contra usuarios, pero con actitudes como la hoy mostrada, habrá que ver quién lleva las de perder.

Indignada, si. Porque no debemos permitir declaraciones como las de esa entrevista altamente irrespetuosas y encima, sin ninguna propuesta técnica más que de trasladar nuevamente a la población, lo que por su propio desastre y a conveniencia no está en orden.

Construcciones Vrs elecciones.



¿En qué momento se pierde el objetivo de construcción histórica y transformación social? Sucede mientras el sistema, a través del aparato electoral, seduce a las cúpulas de los institutos políticos para que en una especie de suerte de caballos de carrera, se desboquen por la ansiada administración Estatal.

La diferencia podría radicar si en esta estrepitosa carrera hubiera un proceso de comunicación certera entre el jinete y el caballo. Resulta ser que, cuando la carrera es más acérrima, el caballo tiende a botar al jinete, le estorba, sobre todo cuando este último no ejerce su fuerza de jinete, sino que pone toda la esperanza en la fuerza del caballo.

En esta especie de carrera por la búsqueda de la administración Estatal, muchos son los obstáculos que no se han superado.

Parte de ello, me invita a hacer una diferencia clara entre: construcción de sociedad, pensando a largo plazo y con claras intenciones de transformación y la utilización de los calendarios electorales como un medio y no como fin en sí.

Hablar de construcciones implica en primer lugar tener un objetivo bien trazado, con bases ideológicas sólidas, metas en períodos establecidos, comunicación permanente con la población para una fluida y efectiva retroalimentación. Implica por supuesto, tener claros análisis de coyuntura que permitan adecuaciones certeras sobre de el proyecto seleccionado, incorpora la insistente autocrítica propositiva, la apertura al debate, en una sola frase: la construcción paulatina y colectiva.

Hablar de participación en procesos electorales como fin, por el contrario, es mantener esa carrera de corto plazo pensando en la construcción correlativa y numérica adecuada al ejercicio estatal de administración pública. Esta no sería grave, si estuviera resuelta la construcción en sí, sin embargo, cuando elementos claves se ausentan de la primera, definitivamente la administración de la cosa pública llega a ser un ejercicio vacío de participación y sobre todo, de transmisión permanente que abone a la creación del andamiaje robusto que debe sostener las decisiones de Estado: La gente.

Desde que El Salvador finalizó su propia guerra civil, varios fueron los elementos que debieron entrar en sinergia para hacer una transición sana, adecuada y sobre todo, garante de la construcción de una sociedad distinta. Podríamos citar entre ellas, la inminente necesidad de ahondar en la problemática económica del país y que sigue siendo una de las deudas más ansiadas por un pueblo que subsiste con migajas de caridad.

Especial atención merece el descuido hacia la población en general a través de la necesaria cercanía física y del mencionado proceso formativo. El rol deun funcionario público es el de reivindicar lo que en mandato entrega por confianza un grupo importante de población que cree, conoce y participa de su vida, sin embargo al disminuir este vínculo, se rompe la polea de transmisión y se ejerce de manera unilateral la función de representatividad.

No critico ciegamente, con estas letras, la función legislativa o municipal que se ha realizado. Sendos proyectos se han inaugurado y varias leyes han sido aprobadas, muchas de ellas en beneficio de la población, sin embargo, esto no ha sido suficiente veinte años después de la irrupción a la vida sistémica que rige nuestro país. Nos falta el garbo ideológico, la cercanía, la formación, la transformación, mismas que se fueron perdiendo a lo largo de la carrera electoral. No se puede ver al pueblo como un número más. Es la ciudadanía la que construye, la que participa, la critica, la que señala, la que aplaude, pero también la que castiga. He ahí la sabiduría popular.

Aún así, quisiera acotar que también la madurez política de nuestro país no es la mejor. Digamos que el nivel de abstencionismo es lógico sí y solo sí se ejerce desde una postura política clara y reivindicativa para la población. ¿Qué hubiera pasado si ese casi 50% de abstención hubiera cambiado el orden de las diputaciones?. Hubiera sido un mensaje contundente, claro está, pero sobre todo nos diera la posibilidad de rescatar en contextos aritméticos diferentes esa nueva construcción educativa necesaria.

La gran lección es para las ideologías en general. Pasa por supuesto por el proceso de evaluación interno, en el que sea la gente la que dirija el mismo. Pasa por tener la humildad y el pudor de enfrentar los errores y abrir a la discusión. Pasa, por permitir relevos necesarios pensantes, que aporten a la transformación histórica. Pasa por tener proyectos colectivos. Si esto no es posible, definitivamente el instrumento político ha perdido su razón de ser y por ende, es imposible generar bases de construcción desde una óptica de izquierda bien definida, sólida, que avanza hacia las transformaciones. Para ello, las dirigencias deben estar claras y ser coherentes entre su pensar, hablar y actuar y en ese sentido, definirse firmemente.

En lo personal, no quisiera ser parte de ninguna iniciativa política que excluya a la gente, ni que construya dentro de un sistema que no me gusta ni comparto. Me gustaría un espacio que sea capaz de enfrentarse, amén de lo políticamente correcto, a lo que se debe de enfrentar. Me fascinaría un espacio en el que me sienta identificada, SI, de plena identidad, en el que pueda aprender y aportar, en el que se escuchen las necesidades colectivas y se presenta de cara a quienes se oponen a ello. Posiblemente pida demasiado, pero en la historia, los derechos y las reivindaciones solo han sido posibles, cuando un grupo de irreverentes se levanta y señala lo incorrecto para el montón.

Mi saludo fraterno, esperando reflexiones pero sobre todo la urgente propuesta y apelando a la participación activa y demandante de la población.

Día Internacional de la Mujer Trabajadora.


Soy mis manos, mi rostro, mis letras, mis ideas, mis locuras, mis sonrisas, mis resistencias. Las que fueron una vez de Simone de Beauvoir, Prudencia Ayala, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alejandra Pizarnik, Lil Milagro, Manuela Sáenz, Alfonsina Storni, La Malinche, Anacaona, Ana de Tarma, Tamara Bunke. Soy la nieta de mujeres-tierra que vinieron a dejar su huella de humana-fertilidad. Vengo de una estirpe de amazonas irreverentes, listas para transformar. Soy masculina-femenino, buscándose en el punto de la serenidad. Soy todas, porque siento, canto y lloro y río como las demás.
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A menudo cuestiono sobre el por qué esperamos a que, en la fecha indicada, conmemoremos aquello que debería reconocerse y sobretodo respetarse a diario. En el caso que nos ocupa, hablar sobre los derechos de las mujeres debería ser tan natural como respirar, sin embargo, nos sigue siendo una enorme deuda, aún con los pasos que se han dado alrededor de ello.

No dejo de cuestionar el nacimiento de estas líneas, las cuáles deberían fluir un día cualquiera. Sin embargo, digamos que la ocasión es propicia para que en colectivo podamos reflexionar sobre la situación en la que vivimos las mujeres y los avances en la defensa de tales derechos, aterrizar bien el significado del ocho de marzo, sabernos reconocidas en la historia y con ello, finalmente caminar en construcciones distintas, paradigmas transformadores, que nos permitan no una lucha incesante sobre un sistema que nos invisibiliza, sino que en la transformación del mismo. Identidad, al fin y al cabo, esa que se ha diluido entre el maquillaje y las falsas sonrisas sobre las cuáles hemos crecido. Colchón tendido de buenas verdades a medias.

Siendo parte necesaria de estas letras el tratar de llegar a la mayor cantidad de mujeres que no han estado organizadas, debo iniciar con un hilo histórico de por qué conmemoramos el 8 de marzo el día internacional de la mujer, si, trabajadora. Contrario a la sublimación inyectada por el sistema, esta fecha no corresponde a lo sutil y delicadas que somos las mujeres, no corresponde a la entrega de una rosa como símbolo de reconocimiento a nuestra feminidad, no se trata a lo delicadas que somos, ni se enfoca tampoco en las ofertas varias por ser el mes de la mujer (como si no hubiera otros once meses y otras actividades más relevantes). No se trata tampoco de fechas de exclusiva celebración de organizaciones feministas, de las cuales seguramente tienes tú, hermana, determinada aversión.

Lejos de ello, el origen de esta conmemoración se remonta a la inminente necesidad sistémica-social de que las mujeres empezáramos a trabajar con condiciones altamente indignas y en cantidades de horas inhumanas. Frente a ello, la respuesta de varias sería la de exigir mejoras en las condiciones de trabajo, entre ellas disminución de horario y mejor salario. Otro gran derecho consignado alrededor de este tiempo, fue el del ejercicio del voto. Muchas de estas mujeres murieron, algunas calcinadas dentro de sus fábricas textiles, por exigir tales reivindicaciones. Es increíble que en pleno siglo XXI las condiciones no estén muy distintas en esta materia, pero es más increíble aún, que tú, no te conmuevas como ser humano por ello y sigas en el patrón defensivo, individualista y competitivo sin salir de él, dejando a la libertad de “a quien le corresponda”, la solución de tales hechos.

Cada vez que leemos editoriales que nos denigran como seres, nos matamos entre nosotras. Cada vez que nos criticamos, que nos burlamos, que nos agredimos, que nos envidiamos, no estamos haciendo más que darle de comer al mismo sistema que nos margina y nos quita la estima de mujeres que deberíamos abonar a diario. Cada vez que ingenuamente otorgamos esa fuerza de madre-tierra que tenemos a banalidades que lejos de hacernos germinar, nos secan, estamos nuevamente negándonos.

Quiero con esto, hacer énfasis en el papel que tenemos. No el rol, eso es distinto, sobre todo cuando este es impuesto desde una sociedad machista, patriarcal y capitalista. Hablo de descubrirnos como seres con pensamientos validos y fuertes, con emociones a flor de piel, con poder de decisión y de transformación desde otras conductas.

Creo que el mejor homenaje que podemos hacer a nuestras congéneres, aquellas que fueron calcinadas vivas, es sabernos comprometidas con nuevas formas de ser, de vivir. Bien dijo alguien con cierto nivel de lucidez, que los sabiduría transita el camino que ha sido abierto por la locura. Viene el tiempo de las sabias, aquellas que retomaremos lo que, a las que llamaron locas, nos dejan como legado.

¡Ah! y solamente como aderezo final de esta reflexión. Querida, nunca des tu voto al un hombre solo por su sonrisa. Hay propuestas y hay mujeres trabajando ahora en política, leer es la tarea. Que no se diga que una mujer votó de una manera poco inteligente.

Con un abrazo de hermana, conmemorando a otras tantas.

Nace una religión.


Tranquilamente almorzando en el patio de casa, mi hijo y yo conversamos sobre hechos en el acontecer nacional. El sarcasmo es parte de los aderezos hogareños, resulta que en el ADN una no se puede meter.

Para ubicarnos en contexto, les cuento que la fachada de casa es un enorme muro blanco con motivos coloniales. Hay incluso un pequeño hueco, que sugiere una especie de campanario. Mirando fijamente el diseño, inicia una propuesta interesante que no puedo menos que compartirla. ¿Cuántas cosas no habrán nacido así en la historia?, nos preguntamos. Cuento a ustedes, lo que en resumen salió de nuestra conversación de Domingo.

En primer lugar, disponiendo de los espacios ya adecuados y construidos, resulta oportuna hacer el llamado a la feligresía a través de tres campanadas, quienes irán adecuándose al espacio que nos brinda la cochera. La entrada no será cobrada, sin embargo, se venderán gaseosas y se harán colectas para terminar la construcción de un espacio aledaño que nunca será. Resulta ser que al juntar la cifra necesaria, algún impuesto deberá ser solidariamente trasladado y por lo tanto, hará que nuestra meta sea inalcanzable. “Con la ayuda solidaria, algún día será posible” es nuestro eslogan, mientras nuestros queridos feligreses nos aportan sin preguntar.

La cisterna, curiosamente construida en la misma zona de la cochera, nos viene a la perfección para instalar una pila milagrosa. Luego de la unción con agua abatizada, garantizamos que ningún mosquito le pique. Si usted quiere bañarse otra vez, si deberá pagar su módica contribución, por estos días, ANDA cobra caro.

La ventana del primer cuarto, servirá para desahogar aquella frase tan agobiante para su paz: “He pecado”. Con principios claros dividiremos las funciones. Sistematización de sus acciones y atención integral, complementado con una fuerte dosis de la importancia del campanario, la cisterna y nuestro país, elegido como punto de renovación universal. Hablaremos sobre el fenómeno de la violencia y la relación directa de las señales divinas. Un país en total caos, solo puede existir si detrás de él nos viene una gran salvación (normalmente cada tres o cinco años). Aprenderemos latín y recordaremos que nuestra tierra prometida se encuentra en uno de los cielos de Plutón. La ciencia actual trata de distraernos, diciendo que ya no existe el planeta. No hagan caso, son rumores. Nuevamente, las señales nos invitan a hacer amplio nuestro mensaje.

La primera grada previa a la entrada a la sala, será el púlpito. No debe faltar esa elevación necesaria entre el resto y los mensajeros del saber. El mensaje central está basado en dos figuras de Ilobasco (Sol y Luna) con una distancia prudencial entre ellos. Resulta que justo a la mitad, hay un orificio misterioso que, de acuerdo al legado entregado por el lejano oriente (¿ya conté que almorzamos chino?) es la señal elegida. La gran mesías, la elegida universal, aquella masa energética nunca vista con forma, aquella fuerza de paz y cambio necesario se hará presente cuando el sol en su máxima expresión, logre enviar un rayo perfectamente sincronizado a dicho orificio.

Cae la tarde, suena el timbre que nos devuelve a la realidad. Preguntamos ¿Quién es?, respuesta: “Buenas, le traemos un mensaje de la biblia”.

Un rato después, mi hijo se prepara para salir un rato a la cuadra para encontrarse con sus amigos. Se despide con una frase simple, natural, espontánea y necesaria:

-¡Bueno madre, nos vemos luego, voy a ir a dar misa!

Todo esto sucedió, cualquier parecido con esta tarde de domingo, es pura realidad. Que descansen, ya se acercan los tiempos de llegar al cielo de Plutón y a la sincronización del rayo universal justo al centro de la cerámica luna-sol.

He dicho.

Lo simple.


Ver amanecer cada día,

que aparece orondo

en nuestro patio grande;

decir trabajo como algo satisfactoriamente propio,

tanto como sueños, descansos, risas, llantos

y escuchar la vida, su ritmo, entendernos danzando;

cantar como el mar canta, como el viento canta,

sin que lo triste nos quiebre la voz;

abrazar a un total desconocido

una mañana cualquiera

y que ese abrazo tenga la ternura

que no tuvo el pecho del amigo;

deleitarse con el silencio

sin creerse en soledad

-la que condena a vivir en desazón,

en desasosiego-

Que los deseos requeridos sean una palanca

de bien colectivo,

En vez de un motivo de amarguras;

Saber cultivar el maíz y compartirlo.

La milpa de todos, la siembra de todas,

hacer atol que nos sustente,

por cuyo grano soy mujer de tierra y viento

de luz y de sombras;

Una nieta de jaguar

que pelea por la dignidad de quienes viven

y evoca la memoria de sus muertos,

esos que quedan donde corresponde:

En ese amanecer de cada día,

que aparece orondo, en nuestro patio grande.